Artículo
AdC15_07

recibido: 18.09.2017 / aceptado: 22.12.2017

Antonio Pasquali. Un pasaje intelectual de la filosofía a la comunicación (1955-1958)

Antonio Pasquali. An intellectual passage from philosophy to the communication (1955-1958)

Emiliano Sánchez Narvarte
Instituto de Investigaciones Aníbal Ford (UNLP)

Referencia de este artículo

Sánchez Narvarte, Emiliano (2017). Antonio Pasquali. Un pasaje intelectual de la filosofía a la comunicación (1955-1958). En: adComunica. Revista Científica de Estrategias, Tendencias e Innovación en Comunicación, nº15. Castellón: Asociación para el Desarrollo de la Comunicación adComunica y Universitat Jaume I, 115-137. DOI: http://dx.doi.org/10.6035/2174-0992.2018.15.7

Palabras clave

Antonio Pasquali; Campo de la comunicación; Historia Intelectual; América Latina; Historia de la comunicación; Teoría de la comunicación.

Keywords

Antonio Pasquali; Field of communication; Intellectual History; Latin America; History of communication; Communication theory.

Resumen

Este artículo analiza el itinerario intelectual del filósofo venezolano Antonio Pasquali. El objetivo es pensar los desplazamientos teóricos en su trayectoria académica que lo fueron acercando desde la filosofía a la comunicación y a la cultura.

Se aborda el análisis desde el cruce teórico metodológico de la historia intelectual y la sociología de la cultura, para pensar su producción académica en relación con procesos institucionales, sociales y culturales más amplios. En este sentido, se indaga su formación en la Universidad Central de Venezuela, su estadía en La Sorbona y los cursos de Filmología como así también los debates intelectuales de los que formó parte.

Indagar la trayectoria de uno de los padres fundadores de la disciplina desde este marco metodológico, habilita una mirada productiva para pensar las diferentes modalidades de institucionalización de la pregunta por la comunicación en América Latina. Al tiempo que hace emerger las múltiples dimensiones que entraron en juego y que fueron configurando un proceso de renovación de saberes y de institucionalización de las problemáticas comunicacionales a principio de los años sesenta.

Abstract

This article analyzes the intellectual itinerary of the Venezuelan philosopher Antonio Pasquali. The object is to think the theoretical displacements in his academic trajectory, which drove him from philosophy to communication and culture.

The analysis is approached from the theoretical methodological cross of intellectual history and culture sociology, to think his academic production related to wider institutional, social and cultural processes. In this way, it inquires into his formation in the Central University of Venezuela, his stay in La Sorbonne and the Filmology courses as well as the intellectual debates of which he was a part.

To inquire the trajectory of one of the “founding fathers” of the discipline from this methodological frame, enables a productive look to think the different modalities of institutionalization in Latin America of the question for the communication. At the same time, makes emerge the multiple dimensions that played a role and that were configuring a knowledge renewal process and institutionalization of communication problems in the early sixties

Autor

Emiliano Sánchez Narvarte [emiliano.sanchez@perio.unlp.edu.ar] es profesor en Comunicación en la Facultad de Periodismo y Comunicación Social en la Universidad Nacional de La Plata (Argentina). Es becario de Investigación del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Es coordinador del Grupo de Trabajo Historia de los Estudios en Comunicación y Cultura en América Latina del Instituto de Investigaciones Aníbal Ford.

Créditos

Esta investigación es llevada a cabo gracias a una beca doctoral financiada por el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

1.Introducción

Antonio Pasquali (1929) es considerado una figura destacada y reconocida por su participación en el proceso de emergencia de los estudios en comunicación en América Latina. Junto a Paulo Freire, Armand Mattelart y Eliseo Verón, es referenciado como uno de los padres fundadores de la disciplina (Fuentes Navarro, 1991: 11).

En este marco, una de las cuestiones que aparecen invisibilizadas en las discusiones y debates al interior del campo de la comunicación, es cómo este padre fundador, licenciado en Filosofía y Letras de la Universidad Central de Venezuela (UCV), doctor en Filosofía por La Sorbona, regresó a su país y no solo se incorporó como docente en la Escuela de Filosofía, sino que se convirtió en titular de la Cátedra «Información Audiovisual» de la Escuela de Periodismo en 1958.

Considerando lo anterior, este artículo se propone dar cuenta de las condiciones académicas e intelectuales que propiciaron el desplazamiento transversal —término de Pierre Bourdieu (2012 [1979]: 149)— en la trayectoria de Antonio Pasquali desde la filosofía al de las incipientes problematizaciones en comunicación y cultura.

Nos interesa detenernos en este pasaje de su formación y producción académica, ya que resulta productivo para para pensarlo como un momento de transición —tal como lo entienden Víctor Lenarduzzi (1998: 53) y Mariano Zarowsky (2008: 2)— en el que se inicia un proceso de redefinición de un campo de problemas teóricos a partir de una serie de cuestionamientos que abrieron el camino a elaboraciones posteriores, pensamos puntualmente en su trabajo Comunicación y cultura de masas (EBUC, 1964).

Si bien intentaremos dar cuenta de las especificidades venezolanas, no se puede perder de vista que esta «transición» tuvo un alcance mayor en distintas experiencias culturales, académicas e intelectuales latinoamericanas, en las que la pregunta por la comunicación fue tomando cada vez mayor centralidad. Esto puede visualizarse tanto en el grupo de intelectuales que fundó la revista Comunicación y Cultura (Lenarduzzi, 1998), como en particular la trayectoria de Armand Mattelart y su pasaje intelectual de la demografía a la comunicación (Zarowsky, 2008).

Para intentar responder a las condiciones de este desplazamiento en la trayectoria de Pasquali, se pondrá en relación su itinerario intelectual con diversos procesos sociales y culturales en los que participó el filósofo venezolano. Un contexto de formaciones culturales emergentes en torno a la cinematografía en Caracas, una particular formación filosófica en la UCV, y un posterior pasaje académico por La Sorbona y en simultáneo, un curso en el Instituto Filmológico de París.

Por otro lado, se intentará no desconectar el itinerario del teórico venezolano de las transformaciones que a nivel institucional se dieron en una UCV que, desde 1958, empezó a atravesar un proceso de modernización de saberes en paralelo a un proceso de apertura democrática tras el fin de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez.

2. Breve estado de la cuestión

Si bien la casi totalidad de los trabajos sobre el teórico venezolano toman como punto de partida su libro Comunicación y cultura masas (EBUC, 1964), dejando a un lado las los interrogantes establecidos en este artículo, son importantes e ineludibles aportes. Por un lado, existe una vasta producción que ha puesto el acento en el modo en que Pasquali trazó una distinción conceptual entre información y comunicación. Dicha conceptualización, sostienen algunos investigadores, le permitió pensar críticamente las relaciones de poder entre los medios masivos de comunicación y la sociedad (Mujica, 1973 y 2010 [1967]; Silva, 2011 [1970]; Aguirre y Bisbal, 1981; Aguirre, 1996; Cisneros, 2002; Beltrán; 2006; Delgado Flores, 2014; Sánchez Narvarte, 2014 y 2015). Por su parte, otros estudios han hecho hincapié sobre la influencia de la teoría crítica de la Escuela de Frankfurt y otras matrices filosóficas como el existencialismo alemán y francés en sus producciones intelectuales, considerándolo algunos de ellos, como el introductor de la teoría crítica en los estudios en comunicación latinoamericanos (Mattelart y Mattelart, 1997; Lenarduzzi, 1998; Saintout y Díaz Larrañaga, 2003; Torres y De los Reyes, 2009; Pineda de Alcázar, 2010 y 2014; Cañizález, 2014).

En cuanto a su impulso a construir un modelo de servicio público en América Latina y su influyente participación en los debates sobre políticas de comunicación en la región, también se encuentran importantes aportes (Capriles, 1976, 1979, 1980 y 1996; Graziano, 1997; Torrealba Mesa, 2013; Aguirre, 2014; Esteinou Madrid, 2014; Safar, 2014 y Trejo Delarbre, 2014).

De todos modos, son pocos los trabajos que se detuvieron a indagar el pasaje de Pasquali de un campo de saberes a otro. Salvo el trabajo de Elizabeth Safar La Información Audiovisual (1978), que reconstruye las condiciones de institucionalización de la materia Información Audiovisual en la UCV, no conocemos elaboraciones al respecto. Esperamos que este trabajo sea un aporte a la problematización de ese pasaje de su itinerario intelectual, que consideramos tan importante como insuficientemente abordado.

3. Cuestiones teórico-metodológicas

Para la realización de este trabajo se tomarán las conceptualizaciones elaboradas desde la historia intelectual y la sociología de la cultura. Este marco teórico-metodológico que se sitúa en el cruce de ambas perspectivas, ha sido trabajado por distintos investigadores. Tales son los casos de las estudios de Claudio Suasnábar sobre los intelectuales de la educación en Argentina (2004), Fernanda Beigel sobre la obra y la praxis vital de Mariátegui (2004), Alejandro Blanco sobre el itinerario de Gino Germani (2006), y el estudio de Mariano Zarowsky en el que reconstruye el itinerario intelectual de Armand Mattelart, poniendo en relación aspectos epistemológicos de sus producciones teóricas con los procesos y debates políticos y culturales en los que emergieron (2013).

En términos conceptuales, la historia intelectual puede pensarse como «el trabajo del pensamiento en el seno de las experiencias históricas» (Altamirano, 2005: 10). Uno de los modos de abordar esas experiencias históricas, es situando los itinerarios intelectuales, sus recorridos, más allá de las fronteras disciplinares, y reviviendo el enredo de dimensiones de naturaleza diferente, e integrar la vida intelectual en envites sociales y culturales más amplios (Dosse, 2007: 144).

En lo referente a la sociología de la cultura, Pierre Bourdieu sostiene que es central situar el itinerario biográfico en procesos más complejos; es decir, efectuar un análisis relacional que circunscriba la práctica intelectual en un espacio que incorpore como dimensiones, la posición de los intelectuales en relación con las transformaciones políticas, y las relaciones entre los agentes de un campo dado en un momento particular (2011[1971]: 31). La idea, entonces, es tratar de indicar el habitus producido como resultado de la dialéctica entre una trayectoria intelectual y las condiciones específicas de un campo (Bourdieu, 2012[1979]: 200).

Por su parte, Raymond Williams sostiene que es relevante indagar las instituciones y formaciones de producción cultural (Williams, 2009[1977]: 26). Tales formaciones, sostiene Williams, bajo los nombres de «movimiento», «escuela», «círculo», son modos de organización de la actividad intelectual, inevitables para el análisis social (Williams, 2015[1981]: 55). Roger Chartier, en tanto, considera necesario inscribir las producciones intelectuales en articulación con otras obras, representaciones y prácticas que son incorporadas y producidas por los pensamientos y las conductas (Chartier, 1992: 17).

Por último, son importantes los aportes de Michel Foucault a los debates sobre la historia de las ideas. Foucault advierte que las «obras» no son sino una condensación de una multiplicidad de ideas y textos que no se hallan en las mismas como un paquete cerrado y coherente (Foucault, [1970] 2007: 37). Para identificar los discursos que atraviesan y que son la condición de posibilidad para que emerjan ciertas interpretaciones sobre tal o cual objeto, se deben considerar las formaciones discursivas y, en ellas, la coexistencia de un conjunto de elementos diversos que constituyen el entramado que posibilita y el cual sostiene los objetos del discurso (Foucault, ídem: 122).

4. La formación en la UCV: entre dilemas humanistas, fenomenológicos y la cuestión cinematográfica

Tras finalizar el bachillerato en el Liceo Andrés Bello de Caracas en la orientación Filosofía y Letras, y producto de una elección compartida junto a otros compañeros1, Pasquali ingresó a la UCV a cursar la carrera de filosofía.

Entre finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta, la universidad había entrado en una etapa trazada por un fuerte proceso de modernización y reforma de las instituciones y los saberes. Como sostiene Martín Frechilla, la universidad en este contexto adquirió una orientación más amplia en los espacios culturales y profesionales y se establecieron dependencias destinadas a la investigación científica2 (Frechilla, 2006: 359).

Desde este marco institucional se acogió, producto de diversas redes de sociabilidad intelectual que tuvieron como uno de sus máximos exponentes a Mariano Picón Salas, a una gran cantidad de docentes provenientes de otras latitudes, fundamentalmente de México, Argentina y los exiliados españoles. Entre otros, dictaron clases Juan David García Bacca, Ángel Rosenblat, Edoardo Crema, Risieri Frondizi, Humberto Díaz Casanueva, Manuel Granell y Pedro Grases (Liscano, 1979[1976]: 900).

En estos nombres se encarnaron matrices y perspectivas diversas que se transmitían en las clases. La currícula de la Escuela de Filosofía de mediados de los cincuenta presentaba una serie de seminarios sobre Filosofía Clásica, Teoría del Conocimiento, Filosofía Medieval, Filosofía Moderna y Filosofía Contemporánea, entre otras, y contó a través de los años, con un curso sobre Metafísica y un seminario de Ontología, a cargo de José Gaos —dictaba clases en México— (UCV, 1959: 1), quien para 1951 ya había traducido al español Ser y tiempo de Martin Heidegger.

Cabe al menos enunciar que estas redes de intercambio de profesores entre instituciones como la UCV y la Universidad Autónoma de México (UNAM), por ejemplo, se debieron a relaciones personales que databan de finales de la década del treinta, para una generación de intelectuales españoles que, tras experimentar el franquismo, se habían exiliado en América Latina (Vargas Lozano, 1989).

Fue este universo de múltiples dimensiones, como sostiene Federico Riu, que habilitó a que se institucionalizara, desde finales de los cuarenta, el estudio de la fenomenología y el existencialismo de inspiración alemana a través de la obra de Husserl, Heidegger y Hartmann, desde una perspectiva antropológica y metafísica (citado por Astorga, 2010:23).

Al mismo tiempo, y a partir de la tarea pedagógica de Manuel Granell, circularon textos e interpretaciones acerca del filósofo José Ortega y Gasset. Granell, también español y discípulo del autor de La rebelión de las masas (1929), fue central en la consolidación de un humanismo que ponía el acento en la responsabilidad de inventarse a sí mismo ante los desafíos del espesor histórico de la sociedad venezolana (Granell, 2008[1959]).

Por su parte, la figura resonante de García Bacca y sus trabajos sobre Platón, Kant, Hegel y Marx, dejaron una huella indeleble en varias generaciones de intelectuales. La mayoría de estos pensadores eran enseñados a la luz de las interpretaciones de García Bacca quien, además, se encargó de producir una gran cantidad de materiales que fueron publicados por la universidad y se convertían en textos que se trabajan en sus clases. Por otro lado, era un animador frecuente de los debates que se exponían en las revistas académicas e intelectuales, como Cultura Universitaria y la Revista Nacional de Cultura.

Como sostiene Orlando Álvarez, la presencia de estos profesores en el plantel docente de la UCV, «daba status a los estudios de Filosofía y Letras en el país, colocándolos en igualdad de condiciones con los de Medicina, Derecho e Ingeniería» (Álvarez, 1998: 251, destacado del autor).

En este sentido, las dinámicas de esas trayectorias permitieron establecer vínculos y enlaces con instituciones universitarias de México, Ecuador y Argentina, que fueron gestando una tradición intelectual emergente trazada por el republicanismo, producto de sus participaciones más o menos directas en la lucha contra el franquismo —como el caso de los exiliados españoles—, de matriz humanista, orientados hacia la ontología, la gnoseología y la fenomenología. Esta red habilitó la circulación e intercambio de estudios y traducciones a partir de las conexiones entre las editoriales universitarias; las ediciones de la UCV desde los años cuarenta, como así también de la UNAM.

4.1. Lateralidad: los círculos culturales de cine

Tras cursar la materia Historia del Arte, Pasquali fue convocado por su titular Gastón Diehl para que se incorpore como ayudante a la cátedra en 1951. A través de Diehl, Pasquali ingresó a un universo cultural hasta el momento inexplorado.

Gastón Diehl, historiador y crítico de arte de origen francés, había llegado a Venezuela a finales del cuarenta a través del Ministerio de Asuntos Exteriores de Francia. Allí se incorporó a la UCV en la Escuela de Bellas Artes y como agregado cultural de la embajada, dirigió el Instituto Venezolano-Francés.

En 1951 junto a profesores y estudiantes, Diehl fundó el Círculo Universitario de Cine. El Círculo pretendió divulgar obras fílmicas, establecer vínculos especializados entre Europa y América, organizar ciclos de charlas y conferencias relativas a la historia, desarrollo y actualidad del cine. El comité fundador estuvo integrado por el profesor Diehl y, entre otros, el estudiante Antonio Pasquali (Álvarez y Rivera, 2011: 22-23).

No obstante, no puede pensarse esta inquietud cinematográfica aislada de marcos más amplios tanto locales como internacionales. Al respecto, y en lo concerniente a las condiciones de producción y crítica cinematográfica en Venezuela, María Gabriela Colmenares sostiene que se fue constituyendo durante la década del cincuenta, un campo de reflexión sobre el cine como actividad autónoma, que entró en dialogo con otras expresiones de instituciones y organizaciones culturales vinculadas al universo cinematográfico (Colmenares, 2014: 264).

En la misma ciudad de Caracas y también en 1951, se había formado el Círculo de Cronistas Cinematográficos, fundado por Amy Courvoisier junto a periodistas y cineastas locales como Román Chalbaud y escritores como Aquiles Nazoa, a quienes luego se sumaron Henry Nadler, Ambretta Marrosu y Alfredo Roffé3 (Colmenares, ídem: 263).

Con la creación de la empresa Profilm hacia principios de los cincuenta y junto a las actividades realizadas por el Círculo de Críticos, se fue consolidando la aparición de textos sobre crítica cinematográfica y fortaleciendo los intentos de una industria nacional (Pérez Rodríguez, 2013: 51).

Por otro lado, esta situación venezolana no debe desconectarse de los procesos que se estaban produciendo en Europa desde finales de los cuarenta. Como sostiene Francesco Casetti, se fue dando un proceso de aceptación del cine como hecho cultural. En este sentido, emergieron discursos teóricos que buscaron acentuar las posibilidades del nuevo medio, fomentándolo, visibilizando sus potencialidades en relación con otros modos de producción artísticas (Casetti, 2005[1994]: 15).

Otra de las dimensiones no menos importante, y que permite comprender las continuidades entre las preocupaciones por el cine particularmente en Venezuela y en Francia —y en Europa en general—, es lo que Casetti denomina como la tendencia a la especialización de la teoría cinematográfica. Es decir, la configuración de un saber específico que se constituyó a partir de la creación de instituciones, revistas y formaciones culturales (Casetti, 2005[1994]: 16).

Este momento del itinerario de Pasquali, los vínculos que fue gestando como así también las redes académicas de las que formaba parte, son espacios desde los cuales comprender una experiencia intelectual importante en su trayectoria: el viaje a Francia.

5. Desplazamiento: París y las múltiples problemáticas filmológicas

Como otros compañeros de su generación4, en 1955 y tras obtener la licenciatura en filosofía, Pasquali viajó a Europa a doctorarse. Producto de sus buenas calificaciones obtuvo una beca de la UCV y, por otro lado, la embajada francesa —vía Diehl—, le concedió otra beca que le permitió pagar el alquiler de una pensión en París.

Allí convergieron dos dimensiones diferentes de su formación intelectual: por un lado la estrictamente filosófica y por otro su disposición a la temática cinematográfica. En cuanto a lo filosófico, Pasquali se doctoró con una tesis sobre el problema conceptual de la libertad en los pensamientos de los filósofos Charles Renouvier y Henri Bergson. Tal como lo certifica su título doctoral, el 2 de julio de 1957 presentó la tesis Renouvier et Bergson: le probléme de la liberté y el jurado compuesto por Jean Wahl, Paul Ricœur y Vladimir Jankélévitch lo evaluó con «Muy Honorable» —máxima mención—.

Y en cuanto a lo cinematográfico, se inscribió en unos cursos bianuales —por fuera de la currícula del doctorado— que se dictaban en el Instituto de Filmología perteneciente al Centre Audio-visual de Saint Cloud de la Facultad de Letras, dirigido por Gilbert Cohen-Séat. En estos cursos se discutía y conceptualizaba sobre el fenómeno audiovisual; la televisión, la cinematografía y la radio.

En el Instituto, Pasquali presentó una tesis titulada Notes pour une théorie de l’objet filmique y tuvo como profesores a Jean Wahl, Henri Dieuzeide y Edgar Morin, entre otros.

La emergencia de lo cinematográfico, las redes de sociabilidad intelectual, los debates en torno a la problemática cinematográfica experimentados en Caracas, se conectaron con distintas instituciones y organizaciones culturales en Francia: Pasquali frecuentó a lo largo de dos años la Cinémathèque Française de París.

Fundada a mediados de los años 30, la Cinémathèque se instituyó como un espacio en el cual se conservaban y proyectaban films. En torno a ella se fue conformando un grupo de críticos y futuros directores denominados como Nouvelle vague, un grupo proveniente de la Escuela de Cine de Francia y organizados en torno a la revista especializada Cahiers du Cinéma. Antonio Pasquali frecuentó estos espacios entre 1955 y 1957, y compartió la asistencia de films y debates con algunos de los que posteriormente se convertirían en los referentes de esta formación cultural, como Éric Rohmer, Claude Chabrol y Jacques Rivette, entre otros.

La estadía en Francia le permitió insertarse en una serie de importantes debates acerca de la producción cinematográfica. Resulta pertinente, en el marco de este trabajo, reconocer tres ejes de esas discusiones: por un lado, el carácter representacional del cine; otro acerca de la comprensión de los films como materiales y documentos para la investigación social y, un tercer eje, sobre las potencialidades de la utilización de la televisión en los procesos educativos.

El primero de estos debates se vinculó al carácter «objetivo» o «subjetivo» de la representación audiovisual. Por un lado, la tradición promovida por el círculo conducido por Cohen-Séat, consideraba a la producción cinematográfica como un modo de expresión subjetiva del mundo. Desde una lectura dialéctica, consideraba que el material con que disponía el cine para sus tramas era la misma vida de aquella gente que lo consumía. Esto, aseguraba Cohen-Séat, vinculaba al cine con la vida social (Cohen-Séat, 1946: 57, citado en Casetti, 2005[1994]: 109). Esta comprensión, afirmaban, tendía a evidenciar el carácter antropológico y subjetivo de la producción cinematográfica; es decir, el cine como producto de las relaciones humanas, como dispositivo que relacionaba a hombres y grupos.

Por otro lado, desde una posición opuesta a la planteada por Cohen-Séat, se ubicaba la perspectiva vinculada al vanguardismo soviético y al realismo socialista, representado, entre otros, por el «Cine-Ojo» de Dziga Vertov. Al contrario de lo propuesto por Cohen-Séat, la línea de Vertov formulaba la reproducción de lo real sin mediación de la subjetividad, con la idea de captar la materialidad en su cotidianidad sin intervenir sobre ella. En este sentido, el acto de filmación no era producto de la subjetividad del cineasta, sino un componente de un proceso más amplio inscripto en el desarrollo del montaje (Piedras, 2010: 45).

El segundo eje se relacionaba con las discusiones acerca de pensar al cine como objeto de estudio de la realidad social. Si bien con aspectos que los diferenciaban, tanto Edgar Morin como Sigfried Kracauer y Luigi Volpicelli, planteaban la necesidad de relacionar la producción audiovisual con distintas dimensiones de la vida social.

El italiano Volpicelli, partiendo de una afirmación de Dallas Smythe acerca de la eficacia de la radio y los periódicos para la formación de la opinión pública en la Alemania nazi (Volpicelli, 1960[1956], en Pasquali, 1960: 200), sostenía que la filmología, entendida como una dimensión de la comunicación de masas, debía orientarse como una ciencia socio-histórica (Volpicelli, ídem: 201, el destacado es nuestro). Para ello proponía como estrategia de investigación pensar dialécticamente la relación entre film, espectador y la organización de la sociedad.

Por su parte, Kracauer había intentado dar cuenta de las relaciones entre los films y la cultura de una sociedad dada en su trabajo sobre la historia psicológica del cine alemán. El estudio del sociólogo alemán, a partir de comprender el carácter social de la producción audiovisual, pretendía dar cuenta de la relación entre la producción artística con la mentalidad de una sociedad (Kracauer, 1985[1947]: 13).

En el caso de Morin, realizaba una lectura «desromantizada» de la producción audiovisual. Sin inscribirse en una perspectiva que entendía a la producción audiovisual como simple estrategia de alienación de las masas, sí acentuaba el hecho que el star system —particularmente el norteamericano— estaba estructurado como cualquier otra industria, por la lógica de producción en serie de sus tramas y de sus estrellas convertidas en mercancías, cuya fabricación era indispensable para la supervivencia de la misma industria (Morin, 1972[1957]: 35, el destacado es nuestro).

Por último, los debates en cuanto a la posibilidad de pensar la televisión como medio potenciador de los procesos educativos o, en otras palabras, si la «televisión es un medio cultural» (Dumazedier, 1956: 17). Al respecto, una franja de la intelectualidad de aquel momento veía en la televisión una amenaza para la cultura. En efecto, un rector de la universidad de Chicago afirmaba que «bajo el impacto de la televisión, me imagino que en Estados Unidos ha de llegar un día en que las gentes no sepan leer ni escribir, ni lleguen a ser superiores a ciertas formas de la vida vegetal» (citado en Charles Siepmann, 1953: 2).

En este marco, la UNESCO realizó una serie de proyectos de investigación en Francia —entre otros países— dirigidos por Joffre Dumazedier5, con el objetivo de ayudar a sus estados miembros a desarrollar la televisión en el campo de la educación, de la ciencia y de la cultura (UNESCO, 1953: 2).

Uno de esos trabajos luego sistematizado en el libro Televisión y educación popular (1956), tuvo como objetivo estudiar «si los medios de difusión podrían servir para elevar el nivel cultural de los pueblos» (Dumazedier, 1956: 21). La investigación consistió en la realización de transmisiones experimentales en cineclubes en pequeños pueblos rurales (Dumazedier, ídem: 26). Los temas centrales que allí se emitieron estuvieron vinculados a «la modernización del trabajo rural y de sus condiciones técnicas, económicas, sociales y humanas» (Dumazedier, ídem: 23). Los investigadores pretendían obtener información del cambio actitudinal de los pequeños cultivadores en torno a la modernización de las técnicas agrícolas, para dar cuenta de los efectos producidos (Dumazedier, ídem: 221). De esta experiencia concluían que la televisión era un gran instrumento de «cooperación cultural» potenciador de los procesos educativos (Dumazedier, ídem: 224).

Sin duda, la «experiencia filmológica francesa» situó a Pasquali en un particular campo de enunciados en el que circuló la problemática cinematográfica en particular y de los medios masivos en general, con sus modalidades diferentes de abordarlo. Al respecto, entonces, una de las cuestiones a pensar, es de qué modo Pasquali se apropió de esos debates y cómo se inscribió desde esta experiencia formativa en la vida académica e intelectual caraqueña.

6. Regreso a Venezuela y reposicionamiento institucional

La acumulación de capital cultural obtenida en Francia, consideramos, habilitó a Pasquali a realizar un doble movimiento al interior del campo académico e intelectual venezolano. Por un lado, un desplazamiento vertical, ascendente, en el campo filosófico: de licenciado a doctor en filosofía titulado por la Universidad de París, que le otorgaba una doble legitimación a su saber: en primera instancia en la UCV y luego en una de las universidades más prestigiosas de Europa.

Por otro lado, la titulación de especialista en Filmología le garantizaba una competencia cultural específica en un campo de saberes diferente que le permitió realizar un desplazamiento horizontal. Es decir, el movimiento de un campo de saberes a otro distinto, y además, emergente.

Decimos esto pensando en la configuración de un espacio de visibilización y enunciación del cine en Venezuela. El universo vinculado a la cinematografía al que se insertó Pasquali, fue un espacio en el que se conectaban y coexistían diversas tendencias y movimientos. Por un lado, un sector empresarial orientado a invertir en la producción audiovisual y, por otro, formaciones culturales que crearon revistas «especializadas» pero sin un saber específico, si por saber específico se piensa en instituciones educativas que se encargan de legitimar ciertos contenidos y entregar titulaciones que garanticen ese saber.

Lo que se intenta problematizar es que lejos de ser un momento azaroso en el itinerario de Pasquali su ingreso al Instituto de Filmología, puede ser comprendido a la luz de los espacios que había transitado previamente, y en la configuración de un modo particular de comprender la realidad, de un conjunto de inquietudes, preguntas, una orientación en su modo de percibir el hecho filmográfico. El ingreso a Filmología se conectó con su participación en los círculos culturales de cine caraqueños.

Por otro lado, se produjeron una serie de procesos políticos relevantes que trasformaron las condiciones institucionales de la universidad. Hacia finales del año 57 y principios del 58, producto de la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez (1953-1958), se produjo una reconfiguración de la relación entre el campo académico e intelectual y el campo político. Bajo la dictadura de Pérez Jiménez la UCV había sido intervenida y a su caída el 23 de enero de 1958, se empezaron a producir una serie de cambios importantes en algunas de sus Escuelas.

Puntualmente, la de Periodismo atravesó una serie de transformaciones en sus programas de estudio. En un memorándum enviado por el Director Héctor Mujica al Decano García Bacca, planteaba que el nuevo pensum debía ser readecuado a la realidad nacional, y se debían «tomar más en cuenta los problemas de Venezuela» (Héctor Mujica [1958] en Díaz Rangel, 1986: 80). En este contexto, además, la Escuela creó la Colección de Publicaciones mediante el desarrollo de la imprenta universitaria, se reorganizaron y fundaron nuevos Departamentos (Cuenca Herrera, 1998: 96).

Este proceso implicó una revisión de ese carácter más estrechamente orientado a la práctica profesional y repensar la estructuración de los saberes. Si bien en Venezuela tuvo sus especificidades, fue un proceso que se dio en términos regionales a finales de los años cincuenta y además, en distintos campos de saberes. Un proceso que implicó también la articulación con redes institucionales de carácter internacional, como por ejemplo, la CIESPAL y la CEPAL (Blanco, 2006; Altamirano, 2010; León Duarte, 2012; Blanco y Jackson, 2015).

Por otro lado, las nuevas formas de saber requerían de una expertise apoyada en fundamentos teóricos legitimados institucionalmente. En los primeros años pos dictadura, se incorporaron una serie de profesores graduados y pos graduados en universidades extranjeras en general, pero varios de ellos con una experiencia particular en Francia, como Pasquali.

En esos primeros años y como muestra de lo dicho, además de Pasquali, el mismo director Héctor Mujica6, formado en filosofía en la UCV, había realizado estudios en la Facultad de Letras y Estudios Superiores en Psicología y Psicopatología en la Universidad de París, y tras su exilio en Chile regresó a Venezuela en 1958. Luís Aníbal Gómez7, había estudiado en la Escuela Superior de Periodismo de París y en Estrasburgo. Por su parte, Federico Álvarez8, provenía de formarse en Chile.

Esto además repercutió en el campo de las publicaciones periódicas. Varios de los académicos que habían regresado —del exilio o tras formarse en el exterior— empezaron a participar activamente de las discusiones en las revistas académicas. En este sentido, una instancia relevante de efecto de autoridad la otorgaba la Revista Nacional de Cultura y Cultura Universitaria. El propio Pasquali sostiene que sus primeros artículos publicados allí le otorgaron reconocimiento por parte de los pares (entrevista concedida al autor, 16 de febrero de 2015, Caracas).

Antes de que ingresara al plantel docente de la UCV, Pasquali publicó artículos en la Revista Nacional de Cultura, en Cultura Universitaria y un largo ensayo para el periódico El Universal, que salió en cuatro entregas. Estos textos, que luego formaron parte de la recopilación de los artículos que se publicaron en la Antología de textos para la cátedra de Información Audiovisual (Pasquali, 1960), condensaban varias de las discusiones en las que había participado siendo alumno del Instituto de Filmología.

Algunos de esos artículos permiten identificar cómo se posicionó Pasquali en los debates planteados anteriormente y, además, situar sus intervenciones en otras coordenadas intelectuales, o para decirlo de otro modo, en las específicas problemáticas venezolanas.

Al respecto, y como sostiene Jean Starobinski, las ideas son leídas y reapropiadas desde nuevos horizontes y «adaptadas a otras circunstancias» (Starobinski (1989), citado en Altamirano, 2005: 11). Para ello, entonces, hay que reconstruir mínimamente lo que estaba en juego al momento en que Pasquali publicó sus artículos.

Uno de los grandes debates que atravesaba a una franja de intelectuales y políticos, eran los posibles efectos adversos en la población de los contenidos de los medios masivos. Primero el problema fue la radio y luego la televisión. Desde 1952, un sector del campo educativo «preocupado» por los efectos de los programas de radio, inició una campaña que llevó a crear una Comisión Nacional Supervisora de Radiodifusión (AAVV, 1977: 262). Era un contexto en el que se empezaba también a problematizar en el continente la «función educativa de los medios»9 (Aguirre, 1996: 32), y la cuestión de si se debía censurar el contenido mediático estaba a la orden del día.

Sobre ello y muy en línea con las experiencias realizadas por la UNESCO, Pasquali en su ensayo «Cine y Pedagogía» ([1958b] 1960) planteaba una relación «activa y productiva» entre el cine y la educación en lugar de una actitud «defensiva (de censura)» (Pasquali, 1960 [1958b]: 264). Por ello se corría del eje de la discusión acerca de si era «bueno» o «malo» el cine, para problematizar las modalidades de incorporación del lenguaje audiovisual en los procesos educativos (Pasquali, ídem: 262, el destacado es nuestro).

En este marco retomaba la idea de un «Cine Educativo», recuperando las experiencias de la UNESCO en Francia y en Inglaterra, para la cual instituciones estatales y organizaciones culturales habían formado espacios de reflexión y de acción conjunta para el sector. Esto implicaba, según Pasquali, que cada Estado debía regular y producir los medios técnicos de enseñanza audiovisual (Pasquali, ídem: 273, el destacado es del autor). Además, el Estado debía evaluar de qué modo el cine podía integrar y auxiliar la enseñanza primaria y secundaria de acuerdo con las necesidades de las instituciones nacionales (Pasquali, ídem: 275).

7. Dudar del pasado. Ciencia, política y universidad

Paralelamente al proceso de restructuración de los saberes al interior de la Escuela de Periodismo, se fue produciendo una reconfiguración más amplia en toda la UCV, en cuanto al rol que debía asumir la institución en la nueva situación democrática. Para pensar algunas aristas de este proceso y ponerlo en relación con la producción intelectual de Pasquali a finales del cincuenta, resulta oportuno indicar qué planteos se estaban formulando desde la institución.

Pasquali publicó su artículo Los intelectuales y el lenguaje audiovisual en el número 64 de la revista Cultura Universitaria. Además de su ensayo, en el mismo número escribieron referentes de la institución como Manuel Granell, Ernesto Mayz Valenilla y, entre otros, el recientemente nombrado Decano de la Facultad de Humanidades y Educación, Juan David García Bacca. Es necesario no olvidar que Cultura Universitaria operaba como el órgano oficial de la Dirección de Cultura de la UCV. En este marco, entonces, enunciaremos brevemente las ideas expuestas en los artículos de Mayz Valenilla y García Bacca.

El artículo de Mayz Valenilla titulado La Universidad y nuestro presente ponía el acento en el rol de la universidad en el nuevo proceso histórico y, al mismo tiempo, qué relación debía establecer su cuerpo docente con la tradición intelectual. Mayz Valenilla sostenía que la universidad debía asumir como responsabilidad histórica el esclarecimiento de la conciencia del pueblo, de su posición en la historia y su destino (Mayz Valenilla, 1958: 9). Para ello, la universidad tenía que estar atravesada por un sentimiento de contemporaneidad, atendiendo a los nuevos modos de abordar los problemas sociales, y así evitar los anacronismos teóricos y «siendo enemiga de las idolatrías del pasado» (Mayz Valenilla, ídem: 13, el destacado es nuestro). Para ello, proponía una reforma de la política teórica de la institución, y que si bien no se trataba de romper con el pasado, no se debía vivir exclusivamente de las glorias por aquellos cosechadas (Mayz Valenilla, ídem: 12, el destacado es nuestro).

En una línea afín, García Bacca planteaba en «Juventud y tradición» que ni el pueblo ni los jóvenes debían tomar a la tradición como un «deber de conciencia» (García Bacca, 1958: 15). Por el contrario, sostenía, «nada de vacas sagradas» que impusieran por la «fuerza» un deber (García Bacca, ídem: 16).

Consideramos a estas reflexiones como sintomáticas del proceso que estaba atravesando una universidad que empezaba a experimentar la descompresión luego de seis años de intervención política y persecución estatal-policial. Proceso que apuntaba a una apertura en términos de matrices teóricas y marcos de referencia para pensar la realidad, con énfasis en una responsabilidad política para con el pueblo. Al respecto, entendemos que esa reconfiguración de la relación en la posición de los intelectuales con las estructuras de poder, habilitó a que ascendieran verticalmente jóvenes profesores, y ocuparan puestos en distintas instituciones universitarias.

Ahora bien, la propuesta de Antonio Pasquali en Los intelectuales y el lenguaje audiovisual se conjugó con las reflexiones de Mayz Valenilla y García Bacca. En principio, Pasquali trataba de validar el lenguaje audiovisual, es decir, legitimarlo académicamente para pensar su valor gnoseológico en el campo de las ideas, los saberes y, en general, en la producción cultural. Para ello sostenía que entender la realidad no tenía como único camino la conceptualización de un proceso para luego expresarlo verbalmente. Sino que —y apoyándose en la fenomenología— consideraba que el lenguaje audiovisual no era una simple forma de expresión, sino más bien un modo de comprensión del mundo (Pasquali, 1958a: 53). Porque tanto en la expresión lingüística como en la iconográfica, se producían dos momentos analíticos en los que se objetivaba la realidad: un momento de comprensión, es decir, de representarse mediante el lenguaje audiovisual la realidad, y un segundo momento de fenomenización de lo comprendido en términos de lenguaje audiovisual (Pasquali, 1958a: 54). Es decir, de construcción de un producto audiovisual que diera cuenta de la realidad que se pretendía comunicar.

En este marco, siguiendo las caracterizaciones realizadas en el Instituto de Filmología, afirmaba que la información de masas desempeñaba un papel básico en la batalla de las ideas, y que gran parte de dicha información, era enviada al público por los medios audiovisuales como la radio, la TV y el cine (Pasquali, ídem: 55, destacado del autor). Y por ello, sostenía que los intelectuales alejados de los problemas que planteaban las modernas comunicaciones de masas, ignoraban las graves implicaciones filosóficas y pragmáticas que escondía uno de los conceptos más explosivos de la época: el de información (Pasquali, ídem: 52, destacado del autor).

En este momento del itinerario de Pasquali se articularon una serie de procesos que habilitaron su inscripción en la universidad. Como se mencionó anteriormente, licenciatura y doctorado en filosofía, una especialización en filmología, y una serie de artículos publicados en las revistas académicas más importantes, que le dieron visibilidad y legitimidad a su producción. Un itinerario que se vio favorecido por un proceso de democratización que permitió una reforma de las Escuelas de la UCV y la apertura a teorías, perspectivas y académicos recientemente titulados o que volvían del exilio.

Así es entonces como Pasquali realizó un doble ingreso a la UCV: dentro de la Facultad de Humanidades y Educación, a la Escuela de Filosofía, específicamente a la cátedra de Filosofía Clásica. Y dentro de la misma Facultad, a la Escuela de Periodismo, como profesor de la cátedra Información Audiovisual.

En la Escuela de Periodismo en la que se insertó Pasquali predominaba un tipo de saber que era particularmente técnico, en cuanto a que se planteaba como objetivos desarrollar y profesionalizar la práctica periodística. Esto había sido así desde la fundación de la Escuela en el marco de un acuerdo entre la Asociación Venezolana de Periodistas, el Ministerio de Educación de la Nación, y de «alianzas estratégicas» con distintas universidades de los Estados Unidos. En este sentido, fue por solicitud del Ministerio de Educación que se acordó la llegada de «profesionales del diarismo de los Estados Unidos» para que a través de distintos seminarios le dieran «calidad al contenido de los cursos” (Arellán y Moreno, 1978: 20)10. El acuerdo garantizaba la posibilidad de que egresados de la Escuela viajaran a realizar seminarios a la Universidad de Columbia.

En este marco es que la propuesta de Pasquali fue radicalmente diferente. Según el programa de la cátedra de «Información Audiovisual», se abordaban los problemas sociológicos de la información audiovisual, la dimensión material de los medios audiovisuales, es decir, las condiciones económicas, sociales y políticas de los mass-media. Y una última unidad en la que se estudiaban las comunicaciones de masas en Venezuela y se reflexionaba sobre la situación del cine, la radio y la televisión, y cuáles eran los deberes del Estado (Anexo en Elizabeth Safar, 1978: 132-134). En otras palabras, se condensaban y ampliaban los tópicos estudiados por Pasquali en su estadía en el Instituto dirigido por Cohen-Séat.

8. Pensar los mass-media desde las ciencias sociales

Además de dictar clases, como dijimos, compiló un trabajo titulado Antología de textos para la cátedra de Información Audiovisual (UCV, 1960). Esta obra presentó como rasgo novedoso la preocupación de Pasquali por situar los estudios sobre la producción audiovisual y en general sobre los medios masivos, al interior del campo de las ciencias sociales.

En la introducción a la Antología, planteaba que los «nuevos mass media audiovisuales», como el cine y la televisión, habían rebasado el marco de análisis lingüístico incorporando un componente de repercusiones problemáticas: la perspectiva social. La reflexión que emergía, según Pasquali, era que a los mass media había que pensarlos articuladamente desde dos dimensiones: una de orden semántico y estético, y otra como cuestión y praxis de las ciencias sociales (Pasquali, 1960: 8). Es decir, debían ser repensados como problema analítico y como escenario de intervención del cientista social.

Al comprender que los medios de comunicación eran producto de las relaciones sociales, Pasquali consideró que lo que allí se exponía era una visión subjetiva del mundo11. Y que por lo tanto la producción audiovisual se convertía en un gran instrumento para la distribución de ideas. Toda producción, en este sentido, era el medio ideal para vehiculizar un mensaje, una concepción del mundo (Pasquali, 1960: 250). Es por ello que la producción audiovisual debía ser pensada no simplemente desde el punto de vista estético, sino que se debía construir un marco de análisis que multiplicara las perspectivas analíticas y permitiera una comprensión total de los fenómenos audiovisuales. Es decir, analizar las dimensiones estéticas, éticas y político-sociales que se desprendían de él (Pasquali, ídem: 253).

Marcado por una fuerte voluntad pedagógica y modernizadora de los saberes, los autores que Pasquali se encargó de traducir y editar habían sido sus profesores y provenían fundamentalmente de la bibliografía que había estudiado unos años antes en el Instituto de Filmología. Eran textos que habían sido publicados previamente en revistas como la Revue Internationale de Filmologie, Communication y los Cahiers du Cinéma, a las que había accedido en su estancia en París.

La Antología presentaba tópicos sobre los «nuevos medios de información» en las sociedades modernas; los problemas específicos de la información audiovisual, su definición; aspectos del orden psicológico de la imagen y de lo sociológico en cuanto a pensar el cine como instrumento «revelador» de la problemática social. Los autores editados y/o traducidos fueron, entre otros, Juan Beneyto12, Béla Balázs13, Gilbert Cohen-Seát14, Serguei M. Eisenstein15, Rudolph Arnheim16, Edgar Morin17, Siegfried Kracauer18 y George Sadoul19, e incluyó en la selección, textos propios que había publicado en la Revista Nacional de Cultura y en Cultura Universitaria.

Uno de los puntos centrales de su artículo «Deberes de la crítica cinematográfica» (1957) compilado en la Antología, era el lugar que le asignaba al crítico cinematográfico. Situaba al crítico en un cruce entre el científico y el mediador pedagógico.

Teniendo como punto de partida que el cine había dejado de ser una simple atracción (Pasquali, 1957: 58), sostenía que el crítico debía, recurriendo a la metodología científica, realizar un análisis totalizador del film (Pasquali, ídem: 60). Esto iba a permitir, en primera instancia, observar en las películas ya no simplemente a las «stars», sino un contenido que condensaba una particular perspectiva económica e ideológica desde la cual se objetivaban ciertos procesos sociales convertidos en tramas cinematográficas.

Una vez realizado este primer análisis, el crítico debía convertirse en un mediador entre el cine y el público para promover una sensibilidad crítica y artística que pusiera en evidencia ya no «los problemas de alcobas» de actores y actrices, sino una disposición crítico-interpretativa del contenido de las películas (Pasquali, ídem: 67). En definitiva, el crítico debía convertirse en un analista crítico y pedagógico para colaborar —como decía Mayz Valenilla— en la toma de conciencia del pueblo en su destino histórico.

9. Conclusiones

Una de las cuestiones centrales a la que se arriba luego de indagar este pasaje del itinerario intelectual de Antonio Pasquali, es que estudiar su producción intelectual implica simultáneamente observar y pensar los procesos sociales en los que se vio envuelto. De lo contrario, se invisibilizan las redes de sociabilidad intelectual, las formaciones culturales, y las condiciones institucionales que permiten conectar materialmente su producción e inserción académica con procesos más amplios vinculados a debates, discusiones y a condiciones de la circulación de las ideas.

Las preocupaciones de Pasquali por los medios masivos y la cultura de masas emergieron en el marco de una serie de procesos complementarios. Además de todo lo expuesto, la UCV atravesó una reconfiguración de sus saberes que, en principio y orientada por una idea de modernización, produjo una revisión de los programas de estudio.

Junto a Pasquali —como ya se afirmó— ingresaron nuevos profesores formados en el extranjero que, como puntos en una red, fueron conectando e institucionalizando —no necesariamente de forma armónica y sin conflicto— una serie de matrices teóricas que se desviaban de lo establecido: ya no sólo se trataba de formar a los alumnos en la práctica periodística, sino de reflexionar sobre la misma práctica y las problemáticas vinculadas a los medios de comunicación. Dicho de otro modo, y siguiendo las reflexiones de Pierre Bourdieu, se puede pensar esta situación como una instancia en la cual se produjo un proceso de intelectualización de la práctica (Bourdieu, [1980] 2009: 57). De complementación entre una relación técnico-práctica con el periodismo y una relación teórica con la práctica periodística.

Esta intelectualización, habilitó una serie de preocupaciones conceptuales que ya no se reducían a la práctica escritural del género y el estilo periodístico. Si no que se ampliaba a zonas teóricas en donde empezaban a aparecer cuestionamientos a la cultura de masas y los procesos de masificación, la dimensión política y económica de los medios de comunicación, el poder, la ideología y el rol del Estado en la producción y circulación de la cultura. Muchas de estas cuestiones serán las preocupaciones teóricas fundamentales que constituirán en 1964 el libro Comunicación y cultura de masas de Antonio Pasquali.

Si bien no podemos detenernos en este punto, este proceso aceleró las condiciones para que circularan múltiples perspectivas de análisis. Producto de conexiones con redes institucionales como la CIESPAL, un fuerte incremento de la circulación de editoriales latinoamericanas —Paidós, por ejemplo— como así también la circulación «de mano en mano» de revistas y publicaciones editadas en otras latitudes, fueron apareciendo en los programas de estudio trabajos como Psicopatología y política de Harold Lasswell, El pueblo elige de Lazarsfeld, Berelson y Gaudet, Comunicación de masas de Charles Wright, Psicología Social de Jean Stoetzel, La muchedumbre solitaria de David Riesman y, entre otros, Los buscadores de prestigio de Vance Packard. Estos textos a la par de producciones como L’Information de Fernand Terrou, La Publicité de Bernard de Plas y Henri Verdier, La press dans la societé contemporaine de Bernard Voyenne y, de Edgard Morin, L’esprit du temps. Essai sur la culture de masse20.

Por otro lado, esta situación al menos indica que no se trató de un proceso en el cual unos pensamientos fueron «superando» a otros necesariamente. Sino de una coexistencia de discursos sobre tal o cual problemática social, que fueron institucionalizándose producto de una política universitaria que promovía la renovación de los saberes.

Por último, consideramos que para que fuera posible el desplazamiento de Pasquali de un campo de saberes a otros, se conjugaron productivamente una serie de dimensiones diferentes que configuraron unas cartografías académico-intelectuales posibles, que Pasquali supo leer y sobre las cuales legitimar un capital cultural que le permitió posicionarse hacia el interior UCV, como uno de los introductores de diversas perspectivas teóricas sobre la comunicación y la cultura de masas.

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1 Entre sus compañeros que también estudiaron Filosofía y Letras, con trayectorias disímiles, se encontraban Marisa Kohn, Luís Aníbal Gómez y Guillermo Sucre, entre otros. Para los años en que cursó el bachillerato, tuvo de profesores a quienes ya eran referentes de la UCV, como Edoardo Crema, Ernesto Mayz Vallenilla y José Luís Salcedo Bastardo.

2 También en este marco, y como proceso complementario de especialización de saberes, se comenzaron a editar Cultura Universitaria y la Revista Nacional de Cultura, fundada por Picón Salas. Ambas revistas se convertirían en los escenarios de debates y exposición de las ideas más importantes de Caracas, hasta principios de los sesenta. La Revista Nacional de Cultura era editada en Caracas por el Ministerio de Educación y tenía una tirada de 15 mil ejemplares. Por allí pasaban los referentes del pensamiento filosófico venezolano, poetas y escritores, como así también se publicaban diversas traducciones de autores europeos.

3 Marrosu y Roffé junto a Pasquali y otros intelectuales, fundarían a finales de la década del sesenta la revista Cine al Día.

4 Por mencionar solo algunos: Federico Riu, tras obtener una beca por sus calificaciones, viajó a la Universidad de Friburgo y Juan Nuño viajó primero a Cambridge y luego a la Sorbona.

5 Quien además era miembro del Centre d’études sociologiques perteneciente al Centre National de la Recherche Scientifique (C.N.R.S), como Edgar Morin, que también participó del proyecto. Otros de los colaboradores fue Henri Dieuzeide, en tanto profesor e investigador, justamente, del Centre Audio-visual de Saint Cloud.

6 Titular de la Cátedra de Periodismo Informativo II.

7 Titular de la Cátedra de Teoría de la Comunicación y Cátedra de Periodismo Informativo y de Opinión I.

8 Titular de la Cátedra de Periodismo Informativo y de Opinión II.

9 Jesús Aguirre sostiene que desde la segunda mitad de la década del cincuenta, emergió una línea de trabajo marcada por una preocupación “muy moralizante” de “rescatar” a los medios para usos educativos y confesionales. Estos grupos de trabajo se nuclearon bajo el Centro de Investigaciones Sociales y Socio-religiosas, dependientes de la Federación Internacional de los Institutos Católicos de Investigaciones Sociales y Socio-religiosas (FERES). Entre los países participantes estuvieron Argentina, Brasil, Chile, Colombia, México y Venezuela, entre otros (Aguirre, 1996: 31).

10 Algunos de ellos fueron Víctor Bilbao y Rodríguez que provenían de la Escuela de Periodismo Profesional de Cuba. De los Estados Unidos llegó Lee Hilb, jefe de redacción del diario The Miami Herald y Carl Ackerman, Decano de la Facultad de Periodismo de la Universidad de Columbia (Arellán y Moreno, 1978: 21).

11 Inscribiéndose en la tradición filmológica francesa y distanciándose así de la perspectiva de Dziga Vertov.

12 «Nuevos medios de información para la sociedad moderna» es una síntesis de la introducción y epílogo de su libro Mass-Communication, editado por el Instituto de Estudios Políticos de Madrid, en 1957.

13 «El hombre visible» fue publicado originalmente en 1923 (Pasquali, 1960: 35).

14 «La Filmología y su objeto» es una recopilación de algunos fragmentos del libro Essai sur les Principesd’unePhilosophie du Cinéma (1946)

15 «Dialéctica del cine» y «Declaración de 1928 sobre el cine sonoro», son dos artículos que pertenecen al libro La forma en el cine, cuya primera edición en español la publicó la editorial argentina Losange, en 1958 (Pasquali, 1960: 73).

16 «Imagen real e imagen fílmica» pertenece al libro Films als Kunst (1932).

17 «Antropología sociológica del cine» es un conjunto de fragmentos de los trabajos Le Cinémaoul’hommeimaginaire(1956) y Les Star(1957) (Pasquali, 1960: 185).

18 «El cine como revelador de la problemática social» reúne fragmentos de su obra de 1947, From Caligari to Hitler. A psychological history of german film.

19 De George Sadoul, con quien Pasquali estableció una relación de amistad, publicó «Cómo nace un film» y «Cine de animación y efectos especiales», publicados originalmente Les Merveilles du Cinéma (1957).

20 Bibliografía de la cátedra Teoría de la Comunicación, de Periodismo Informativo y de Opinión I y de la Cátedra de Información Audiovisual. Ver Apuntes de introducción a la comunicación colectiva (Gómez, 1965), material didáctico que recopila las clases dictadas por Aníbal Gómez y el trabajo de ascenso de Elizabeth Safar titulado La Información Audiovisual (1978).

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