Artículo
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Bitácora a la deriva. Para una rebelión.

Hacia una literatura transmedia
comprometida con nuestro tiempo

Javier Hernández Ruiz

Profesor de la ECAM, escritor y transmedia storyteller

Referencia de este artículo

Hernández Ruiz, Javier (2016). Bitácora a la deriva. Para una rebelión. Hacia una literatura transmedia comprometida con nuestro tiempo. En: adComunica. Revista Científica de Estrategias, Tendencias e Innovación en Comunicación, nº12. Castellón: Asociación para el Desarrollo de la Comunicación adComunica y Universitat Jaume I, 241-243. DOI: http://dx.doi.org/10.6035/2174-0992.2016.12.16

MIÑANA, Jaime (2015)

Bitácora a la deriva. Para una rebelión.

Madrid: Esto no es Berlín.

Nadie cuestiona ya que estamos en la era transmedia. Pero ¿es posible una literatura transmedia? A esto pretende responder el libro Bitácora a la deriva. Para una rebelión (Esto no es Berlín, 2015), del que soy autor bajo el pseudónimo de Jaime Miñana. Pero esta colección de relatos heterogéneos, consecuencia de la realidad fractal que vivimos y no sé si padecemos, cerca otras cuestiones acuciantes que se resumen principalmente en un par de interrogantes: ¿qué demonios está pasando? y ¿por qué? Para encontrar la respuesta hay que auscultar el presente y mirar al retrovisor del pasado, críticamente, sin concesiones. Sin duda, los relatos de Bitácora a la deriva intentan responder a este desconcierto que respiramos. Recurrimos para ello a las afiladas armas de una literatura crítica que aspira a despedazar el antes y el ahora, rastreando los despojos del Poder, alienante y pegajoso siempre. Los protagonistas de esta epopeya ciudadana son mayoritariamente perdedores o ganadores que en a la postre han perdido también, como su misterioso autor Jaime Miñana, filósofo-periodista autoexiliado en una remota isla tropical. Todo ello se cuenta a través de múltiples registros y voces, femeninas muchas. Se apuesta por un estilo heterogéneo, acorde a las peculiaridades de cada relato. Más que caleidoscopio estamos ante un reflejo de la explosión de nuestro tiempo y cada lector buscará su propio sentido entre los despojos. Y si no lo encuentra del todo en el texto, puede ir más allá, hacia los confines digitales, en una deriva transmedia que lo llevará al universo Plot 28 (2013), creado por Agustín Serra y Hernán Ruiz (mi seudónimo artístico).

Y aquí volvemos al interrogante con el que abríamos fuego, la posibilidad de una literatura transmediada. La primera respuesta parece de Perogrullo; para que esta exista debemos contar con un universo transmedia, Plot 28 en este caso, del que los relatos miñanescos forman parte desde su salida a la luz (enero de 2013) en un app para ipads y luego en un ibook lanzado en abril de ese año, ciclo completado con el ebook que está a punto de salir en Amazon con el título Bitácora a la deriva. Los agujeros del poder. La condición de la obra transmediática es, sin duda, expansiva y camaleónica, lo que explica los distintos atuendos con los que se presentan en público los relatos de Jaime Miñana que, por cierto, han ido cambiando en las distintas publicaciones, siendo la edición en libro la más selectiva y corregida de todas ellas. Ahora sobreviene otra interrogación: ¿cómo es posible este viaje transmediático? A través de la magia de la tecnología, en la estela de los enhanced books; en este la lectura se amplifica a través de códigos QR, que remiten a enlaces web, fotografías, viñetas de cómic, blogs, bases raperas, etc.; están situados en los márgenes de la caja impresa, simulando elegantes sellos de la cultura extremooriental que en modo alguno estorban una lectura que tiene sentido al obviarlos, pero que amplifica el campo semántico si nos servimos de su tranpolín. Tal debe ser la lógica escalonada de la inmersión transmedia.

Se suceden también en la periferia del bloque textual llamadas a potenciales tuits, de las que la cineasta Paula Ortiz, quien presentó el volumen en la librería Cálamo de Zaragoza, afirma que resumen su espinazo moral; también encontramos allí algunos hashtags que invitan al interactor a airerarlos en Twitter si le parece conveniente; son lemas que condensan el espíritu de un libro en principio muy heterogéneo. Estas llamadas a la participación, a generar nuevos relatos a partir de aquí y difundirlos por las redes, buscan el tránsito del lector al prosumidor. El juego vertebra la ficción en el propio texto y más allá, enlazando con personajes, tramas y temas de Plot 28, adentrándose a veces en las nieblas de la metaficción. La plataforma de inicio de este potencial «viaje del usuario» es una cuidada edición para llevar en el bolsillo, minimalista y elegante, señas de identidad de la editorial Esto no es Berlín. Acompañan a los relatos «a la deriva» artísticas fotografías en blanco y negro de la cantante Eva Amaral, que no pretenden establecer inmediatos lazos referenciales con el contenido de los relatos, sino más bien un diálogo abierto y lúdico, más propio de la literatura ergódica y de la estrategia de diálogo transmediático.

Y así llegamos a la última pregunta, ¿qué cuenta Bitácora a la deriva. Para una rebelión? Estamos ante un relato de relatos planteado conscientemente en su heterogeneidad, como reflejo de ese espejo quebrado que vivimos; allí palpita nuestro desconcertante presente, a la vez que el reflejo del atribulado y represivo pasado de España. La Historia está muy viva trazando una línea de continuidad que enlaza señoríos medievales, absolutismos, abortos de las libertades con las miserias del actual régimen de 1978. Pero también se abren perspectivas de futuro, de recuperación de una auténtica democracia participativa y de un Estado social. Si hubiera que encontrar un hilo conductor que enhebrara todo este aparente caos, este sería sin duda el de un retrato crítico del poder alienante, y en esto las bitácoras en todas sus encarnaciones camaleónicas sintonizan así mismo con el tema predominante del universo Plot 28. En definitiva, hemos intentado ensayar una nueva literatura para un nuevo tiempo que combina experimentación estilística y técnica con una mirada comprometida (engagé) ante las urgencias de una sociedad en descomposición en plena era transmedia.

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